Unos consumidores más informados

En muchas ocasiones es frecuente encontrar las empresas de comida en el centro de mira tanto de consumidores como de organizaciones o instituciones varias. Concretamente, las encargadas de producir y vender la popular comida basura. Es paradójico que, pese a ser criticada históricamente por muchas voces distintas, desde siempre ha contado con un buen grupo de fieles. Si no, es tan simple como echar un vistazo a las cifras para observar que empresas como McDonald’s no solo resisten con solvencia la crisis sino que incluso aumentan sus ingresos. Pero, igual que en muchas ocasiones estas empresas son un blanco fácil al que poder criticar con vehemencia y aparecen en las portadas por sus errores o irregularidades, también es justo citarlas cuando sucede lo contrario.

Es el caso de la popular cadena internacional de cafés Starbucks, la compañía más grande del mundo, que cuenta con unos 17.800 locales repartidos en 49 países. Según ha anunciado, se incluirá el valor energético en la etiqueta de todos los productos y en todos los establecimientos –puesto que hasta ahora solo se realizaba en grandes ciudades como Nueva York o Washington-. Tras tres meses de presión, la empresa norte-americana ha acabado cediendo con el fin de cumplir la ley. Concretamente, la norma especifica que cualquier compañía con más de 20 franquicias está obligada a informar de las calorías de sus productos. Una ley que forma parte de la reforma sanitaria de Barack Obama. Starbucks no es la primera empresa que tira adelante esta acción puesto que otras como McDonald’s o Subway ya lo hicieron en su momento, siendo las primeras del sector.

Este paso no es baladí puesto que precisamente en Estados Unidos la lucha contra la obesidad está más activa que nunca –supera el tercio de la población y es la quinta causa de muerte del país-. La inclusión de la comida sana es cada vez más una realidad y acciones como las de Starbucks no hacen sino contribuir a ella.
No cabe duda que es responsabilidad única de los propios ciudadanos la de consumir uno u otro producto, más o menos sano o calórico, pero como mínimo hay que exigirles a las compañías que les ofrezcan toda la información necesaria. Y el valor energético lo es.

David Giménez Font

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