La ‘gentrificación’ en San Francisco

La ley de la oferta y la demanda postula que, en un mercado libre, ante el aumento de la demanda de un producto, el precio de éste también lo hace. Si a ello se le suma un incremento en las rentas, con el consecuente incremento general de precios, y un factor clave, la manera en que incide en el precio el gusto de los demandantes, podemos explicar el progresivo encarecimiento de la vida en San Francisco. La llegada a la ciudad de trabajadores de empresas 2.0, como Google, Apple o Twitter, con unas rentas muy superiores a la media de la ciudad, unido al particular gusto de este grupo por barrios de renta baja han producido una transformación social y urbana conocido bajo el nombre de gentrificación.

El concepto gentrificación es un neologismo del inglés gentrification. La palabra deriva de gentry, alta burguesía o aristocracia, con lo cual podríamos hablar en castellano de aburguesamiento. La gentrificación se da cuando la población de una zona urbana degradada y descapitalizada se ve desplazada por la llegada de un grupo de personas de mayor poder adquisitivo. A nivel económico, esto se traduce en un aumento del precio de la vivienda y en la aparición de empresas cuyo target son los nuevos inquilinos. La población original queda fuera del mercado al no poder hacer frente al aumento de los precios.

Los yuppies de Silicon Valley

Silicon Valley es el centro mundial de la tecnología y cuna de la innovación informática. Situada al sur de la bahía de San Francisco, la zona abarca más de la mitad de la península, desde San Mateo, a 30 km al sur de San Francisco, hasta San José, a 77.

Apple, Google, Twitter  o Facebook nacieron en esta zona, cuyas principales ciudades nacieron al cobijo de las empresas responsables de la revolución 2.0. San José, Palo Alto, Cupertino o Mountain View han sido durante años el hogar de la mayoría de trabajadores de las empresas de las zonas. No obstante, poco tienen que hacer estas ciudades frente a la bohémica San Francisco, epicentro en los 60’s de la revolución hippie. Los yuppies de Google, como son conocidos estos nuevos ricos, se han visto atraídos por la enorme oferta cultural que ofrece la ciudad, sin parangón en las ciudades dormitorio a lo largo de la península.

  Más seguridad, mayor precio

Barrios como La Misión, antes marginal e inseguro, es ahora el centro de la modernidad –como apunte, el creador de Facebook, Mark Zuckerberg, se ha instalado en dicha zona.

Las reacciones al fenómeno de la gentrificación van desde el rechazo por el aumento del nivel de vida a palabras de gratitud por la mejoría en seguridad.

Por parte del primer grupo, el autobús de Google ha constituido un símbolo. Bajo el nombre de Anti-gentrification Block Prty, en mayo se podía ver a vecinos del barrio de La Misión manifestándose con una piñata en forma de bus a la que, obviamente, golpeaban. Familias de clase media, inmigrantes en su mayoría de origen mexicano y artistas que beben del ambiente bohemio de este tipo de barrio de la ciudad ven cómo lo logrado a lo largo de una vida se desvanece por la llegada de los nuevos ricos.

El precio medio de la vivienda se incrementó un 15%, hasta los 750.000 dólares, en 2012. En cuanto a la vivienda de alquiler, de importante peso en la ciudad, llegó hasta los 2734 dólares, lo que supone un 12,9% más.

La esperanza para esta gente recae en el Consejo para la Estabilización de los Alquileres de San Francisco. Su directora ejecutiva, Delene Wolf, afirma no haber visto en sus 30 años en el puesto unos precios de alquiler tan altos. Su análisis no guarda dudas: “Mi conjetura es que los autobuses de Google están alimentándolo. La demografía entera ha cambiado. No dejo de pensar cómo se sienten esas personas que están en el peldaño más bajo de la escala económica”.

No obstante, los beneficios para la ciudad son palpables. “Cuando llegué, lo hubieras tenido difícil para encontrar a una mujer empujando un carrito de bebé, afirma Susan Eslick, una artista que lleva viviendo en San Francisco desde 1996 y vicepresidenta de la Dogpatch Neighborhood Association, que vela por los intereses de dicho barrio. “Ahora tenemos tres guarderías y un gimnasio para bebés”. Su veredicto sobre el proceso de gentrificación se encuentra a las antípodas de sus detractores: “El término gentrificación es malintencionado. Yo digo, asumámoslo. Sólo tiene que diseñarse correctamente; no hay tolerancia por la baratija”.

Iván García

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