De la quimera inmobiliaria al colapso financiero

Ficha

Título: De la quimera inmobiliaria al colapso financiero

Autor: José García Montalvo

Editorial: Antoni Bosch

Dicen de los economistas, y por tanto de la economía, que elocuencia y conocimiento no suelen contar como cualidades que vayan de la mano; es más, que, como sintagma, forman un oxímoron. No obstante, si existiera un ranking de los términos con más solera y arraigo de diferentes ciencias, el fenómeno conocido como ‘burbuja económica’ estaría, probablemente, en las primeras posiciones. Sería difícil encontrar una palabra que describiera con tanta precisión y potencia metafórica –también económica, valga la redundancia, para mal- lo que García Montalvo define así: “Una burbuja especulativa es una situación en la cual gran parte del aumento de un precio se justifica por las expectativas de incrementos futuros de este precio que no tienen explicación en los factores que determinan la oferta y la demanda (al margen de las propias expectativas de revaloración del activo)”.

De la quimera inmobiliaria al colapso financiero: crónica de un desenlace anunciado relata cómo dicho proceso se formó en el sector inmobiliario español y se sostuvo hasta límites insospechables. Si hubiera que hacer bueno el dicho de “una imagen vale más que mil palabras”, una buena instantánea mostraría un municipio costero, custodiado por numerosas grúas e infestado de bloques de pisos que responden todos al nombre de “Se vende”. Esta postal podría ser catalogada perfectamente como costumbrista: el fiel reflejo de una etapa que dentro de unos años será materia en los exámenes de historia. Como parte de la historia ya es el libro: el relato se inicia en 2002 y finaliza a finales de 2008, año de su publicación, lo cual, en los tiempos que corren, supone haberse quedado ya muy atrás –aparte de los cuatro años transcurridos.

Pasemos a la estructura del libro: nos encontramos con ocho capítulos más un apéndice a modo de regalo –como explicaré después, la parte donde dice más con menos. Haciendo una división temática, los cinco primeros capítulos hacen referencia únicamente al proceso de burbuja en España. El sexto es el más simpático y con cierto toque cómico, trata sobre cómo se vivió la burbuja en Internet. En cuanto al séptimo, se centra en las políticas públicas relacionadas con la vivienda: las diferentes propuestas, sus aplicaciones y sus efectos. El último y octavo hace un breve repaso a la crisis financiera originada en E.E.U.U, provocada por la burbuja inmobiliaria por la que también pasaron, y cómo se contagia al sistema financiero global –focalizando en Europa.

Cabe decir, antes de pasar a profundizar ligeramente en el contenido del libro, que el autor utiliza multitud de artículos y reseñas suyas a modo de contextualización y ampliación de la historia.

  

La consolidación del ladrillo como nuevo Dios

El autor lleva a cabo un brevísimo compendio sobre las más destacables burbujas especulativas desde el inicio del capitalismo, entre las que es ineludible no citar los juegos de Ponzi, para enlazarlo con el inicio de la burbuja en España. En la primera frase sobre ella, Montalvo es claro y conciso: su origen se encuentra en la caída de los tipos de interés, que vino motivada como medida de estímulo para las economías afectadas por el pinchazo de la burbuja tecnológica. Pero, ¿es suficiente este motivo? Es necesario citar la “exuberancia racional”, expresión acuñada por Alan Greenspan en 1996, entonces gobernador de la Reserva Federal, que hace referencia a una expectativa desmedidamente optimista respecto a un determinado producto teniendo en cuenta que los indicadores económicos señalaban precisamente lo contrario. Por lo tanto, Montalvo atribuye, asimismo, a un exceso de demanda el aumento de precios.

Llegados a 2003, éste es el año clave burbujil: se empieza a hablar de la manida burbuja, de si hay sobrevaloración de los precios, llegando a aparecer un artículo en The Economist en el que se afirma que la burbuja es del 30%. El autor fundamenta su postura aportando una serie de datos: por ejemplo, solamente el 11% del parque de viviendas es de alquiler; el resto, de propiedad. El Banco de España dará la voz de alarma sobre el elevado crecimiento de los precios, la cual será totalmente ignorada en el Barcelona Meeting Point por importantes personalidades políticas –ministros del entonces Ejecutivo del PP- y del sector financiero, constructor e inmobiliario.

Pasa el tiempo, y se presentan dos bandos en una dialéctica lucha: los negacionistas, esto es, quienes niegan por activa y pasiva que haya una burbuja y que todo se debe al aumento demográfico, al aumento de costes, etc.; y los burbujistas, quienes ven lo innegable e inevitable. Es interesante comprobar cómo los argumentos de los primeros, basados en la falacia de que en España la vivienda nunca baja –lo cual Montalvo contradice con la mera mención del boom inmobiliario y su posterior deflación que se produjo a finales de los años 80- o de que cuanto menos suelo haya por urbanizar, más subirá el precio; se ven reforzados por el retraso del pinchazo. Éste se debe a las insuflaciones de aire fresco por parte de bancos y cajas, que mantienen en alza una demanda que, por recursos propios, con total imposibilidad podría seguir tal ritmo de aumento de precios. Además, la cultura de la propiedad de la vivienda instalada en el país, en claro detrimento del alquiler, fomenta a ello.

No obstante, los diamantes no son para la eternidad, de la misma manera que los ladrillos y los billetes de 500€. A finales de 2006, la burbuja estadounidense pincha en unos indicadores mucho mejores que los españoles. En España, empieza a descender el precio de las segundas viviendas y, ya en 2007, se suceden las primeras suspensiones de pagos de inmobiliarias y constructoras, destacando la de Martinsa-Fadesa. En 2008, para absorber la cantidad de viviendas construidas serían necesarios cuatro años.

Si se quiere ahondar en el transcurso de la burbuja inmobiliaria en España, éste es un libro muy completo, repleto de contexto, datos y, sobre todo, argumentos que relatan cómo sucedió la burbuja. Es necesario mencionar que el autor no incurre en el uso de excesivos tecnicismos sin explicarlos –puede que “apalancamiento” sea el único.

Sin embargo, hay dos aspectos del libro que considero negativos. El primero, aunque no error del autor en sí, es cuán desfasado se encuentra en la actualidad. Una segunda revisión, incluyendo lo sucedido en los cuatro años posteriores a 2008 sería de gran ayuda, ya que, una vez leído, queda cierto vacío al no comprenderlo todo. Esta visión, eso sí, se debe a que lo he leído en 2012 y no en 2009. El segundo aspecto, y éste ya es responsabilidad del autor, es el salto argumental producido en el capítulo ocho, cuya temática se ha explicado en la introducción. No encuentro una relación clara con todo lo anteriormente expuesto, dando la sensación de, o bien superficialidad, o bien falta de tiempo para explicarlo con mejor argumentación y extensión.

Como aspectos positivos, y sorprendentes, quiero destacar el capítulo seis, referente al debate en forma de guerra cibernética acerca de la burbuja, donde se palpa la infinita creatividad de los internatuas a la hora de crear neologismos como lonchafinistas o nuncabajistas, así como un artículo en el que, a mi parecer, resume mejor –y con más claridad y “gracia”- el proceso de la burbuja a partir de la personalización. Por otra parte, en el apéndice Montalvo recoge una serie de declaraciones de los bandos que se crearon, los negacionistas y, cuando se mascaba la tragedia, aterricistas, y los burbujistas. Leer declaraciones de una misma persona en 2004 y 2008 es argumento suficiente como para alegar que, hoy en día, la hemeroteca es el peor enemigo de un personaje público.

Iván García

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