Clientes sin voz

La principal víctima que se está cobrando la actual crisis económica es el ciudadano de a pie, que está recibiendo por todos lados. Algunos de los problemas que puede sufrir aparecen diariamente en los medios de comunicación. Sin embargo, hay algunos que difícilmente nos vienen a la cabeza de buenas a primeras. Por ejemplo, a raíz del cierre de una empresa. Qué pasa con el cliente cuando una empresa quiebra?

Los datos hablan por si solos. 7.799 empresas acabaron en concurso de acreedores el año pasado, 22.568 compañías se disolvieron. Un drama que afecta, sobre todo, a los trabajadores, que se ven abocados al paro y a un futuro negro e incierto. Pero no solo los trabajadores salen perjudicados, también muchos clientes. Con la desaparición de la empresa, muchos servicios quedan en el aire, sin solución a la vista. Y los clientes, con su dinero en quién sabe dónde. Sin comerlo ni beberlo, la mayoría de ellos se ven abocados a un largo proceso burocrático y técnico.

De entrada, tienen que introducirse en el extenso mundo de los concursos de acreedores, donde son los últimos en tener voz y voto. En este proceso, primero se establecerán varios tipos de acreedores -generales, ordinarios y subordinados-, una clasificación que  servirá después, si es necesario, para asignar a cada uno de ellos su parte correspondiente de ingresos. Sin embargo, por en medio se encuentran todo tipo de negociaciones e intentos de pactos y acuerdos entre empresa, posibles compañías asociadas, banco, otras instituciones…Unas negociaciones que muchas veces acaban por perjudicar al mismo de siempre: al consumidor. Es, pues, un laberinto de difícil solución. Personarse a un concurso de acreedores por libre suele ser muy difícil por lo que contar con un abogado y/o procurador es recomendable, aunque económicamente no sea nada barato. Muchas veces los casos con los que se  encuentran los clientes son complejos y cuesta responder con exactitud a la pregunta: “Qué tengo que reclamar exactamente?”. Es por eso que la ayuda de un profesional especializado o de una organización es positivo.

Sin embargo, las oficinas de consumo y las asociaciones de consumidores recomiendan agotar las otras vías posibles, como anular el pago -si se ha realizado con tarjeta- o recurrir al seguro que viene asociado a muchos bancos. No perder la paciencia y guardar todos los documentos son otros de los consejos que dan los especialistas.

El fenómeno afecta a todo tipo de empresas. Un caso típico que ayuda a visualizar el problema es el de una empresa de electrodomésticos. Un cliente ha comprado una lavadora, con una garantía de dos años. Teóricamente la garantía sigue vigente y tiene que asumirla el fabricante del producto. Pero y si el fabricante ya no existe tampoco o está en otro país? Aquí todo se complica. Las agencias de viajes o aerolíneas son otro caso muy frecuente -Spanair, Marsans, Air Comet…-.

Así pues, la quiebra de una empresa es otro de los problemas que se puede encontrar un ciudadano hoy en día. Una consecuencia más de la profunda crisis que azota con dureza y que siempre se cobra la misma víctima: el pobre ciudadano de a pie.

David Giménez Font

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