Thatcher y los sindicatos

Recordar a Margaret Thatcher por su legado político es un ejercicio fácil de realizar. En este artículo repasaremos las principales acciones que la Dama de Hierro hizo sobre el sistema laboral británico -sobretodo con la crisis de los sindicatos-.

Recordaremos a aquella hija de un tendedero de Grantham, que nació el otoño de 1925, y que llegó a ser la primera mujer Primer Ministro de Reino Unido.

Thatcher lideró la flexibilización en el mercado laboral, la privatización de empresas públicas y redujo el poder de los sindicatos 

Tras la guerra de las Malvinas que se tradujo con su reelección en 1983, su tendencia neoliberal y conservadora se apreció con creces con la privatización acelerada de las empresas públicas. Empresas nacionales que se pusieron a la venta para recaudar miles de libras y con la voluntat de aumentar la competitividad. Algunas de las empresas paraestatales que se pusieron en venta pertenecían  al sector del gas, el agua y la electricidad, es decir, que eran anteriores monopolios naturales.

Pero cuando alguien menciona que la dama de Hierro ganó la batalla contra los sindicatos, y que además de vencer, consiguió hundirlos y dejarlos sin poder, nos estamos situando un par de años más tarde. Maggie aguantó firme 365 días, entre marzo 1984 y marzo de 1985, una huelga de “toda” la industria minera.

¿Cuál era la situación?
Tenemos que situarnos en la Ley del Empleo de 1982, que:

  • Elevaba considerablemente los niveles de compensación para los despidos injustos en aquellos lugares de trabajo con afiliación sindical obligatoria
  • En empresas donde hubiera afiliación sindical obligatoria se celebrarían votaciones periódicas para controlar su buen funcionamiento.
  • Ilegalizaban el hecho de pertenecer a un sindicato determinado para obtener un contrato laboral.
  • Los empresarios podrían despedir a aquellos que tomaran parte de una huelga sin verse expuestos a demandas por despido injustificado.
  • Más inmunidad de fondos de los sindicatos.

Este incremento de la inmunidad se recogía en la sección 14 de la Ley laborista de Sindicatos y Relaciones Laborales de 1974, que establece que éstos gozarán de una inmunidad prácticamente ilimitada frente a demandas por daños y perjuicios, incluso cuando la acción sindical no se hubiese emprendido como consecuencia o prolongación de un conflicto laboral. Por su parte, los conservadores -el Gobierno- querían frenar la inmunidad pues los sindicatos tenían demasiado poder.

La ya mencionada huelga de un año, estalló el 1 de marzo de 1984, como consecuencia del cierre del pozo rentable, de Cortonwood (South Yorkshire). El 5 de marzo los mineros de la zona se echaron a la calle, y ya el 12, hasta 200.000 trabajadores de otras partes del Reino Unido, se sumaron a la causa. Los sindicatos siguieron la huelga en defensa de sus derechos a representar a los trabajadores.  Además del combate con el Gobierno, que culminó en el choque entre 7.000 mineros y más de 3.000 policías en Orgreave el 18 de junio y acabó el 3 marzo de 1985, cuando se extinguieron las ganas de resistir, el conflicto tuvo también una vertiente más amarga de lucha fraticida, explotada por los “Tories”, ya que mineros del condado de Nottingham, convencidos de que conservarían su trabajo, boicotearon la huelga nacional.

Con todo, esta lucha no llegó a buen puerto. Los sindicatos fueron “exterminados” y la doctrina de thatcherismo se fortaleció. La huelga terminó el cierre de 25 pozos en 1985; en 1992, ya eran un total de 97 las explotaciones cerradas. Y El resto fueron privatizadas y vendidas en 1994.

En palabras de la propia exprimera Ministra:

Fue una huelga política, y por ello su resultado tuvo un alcance que trascendía con mucho la esfera económica. Desde 1972 a 1985, la opinión al uso mantenía que Gran Bretaña sólo era gobernable con el consentimiento de los sindicatos. Ningún Gobierno podía realmente sobrevivir a una huelga importante, especialmente a una huelga del sindicato minero y menos aún salir victorioso–. Incluso cuando estábamos introduciendo reformas en las leyes sindicales, superando conflictos menores como la huelga de las acerías, mucha gente, y no sólo de izquierdas, seguía pensando que los mineros tenían en su mano el veto definitivo, y que algún día lo utilizarían. El día de la confrontación había llegado y había tocado a su fin. Nuestra determinación de hacer frente a la huelga animó a los sindicalistas de a pie a hacer frente a los activistas de la organización. Lo que el resultado de la huelga dejó perfectamente claro fue que la izquierda fascista no conseguiría hacer ingobernable Gran Bretaña.

NÚRIA LÓPEZ PAREJO

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